Guía de decisión
Qué define el trabajo y el coste de una herramienta digital
Aclara quién usará la herramienta, qué necesita hacer y con qué programas debe conectarse. Eso permite valorar el trabajo antes de hablar de presupuesto.
¿Qué resultado debe producir?
Describe el cambio que esperas en el trabajo diario: recibir solicitudes ordenadas, consultar información o coordinar una tarea. Separa el resultado principal de las ideas deseables. Una frase concreta ayuda a detectar conversaciones distintas bajo el mismo nombre de proyecto y evita construir funciones sin uso.
¿Quién la utilizará y cómo?
Cuenta quién inicia cada acción, qué necesita ver y qué ocurre después. Dibuja el recorrido desde la entrada hasta la respuesta, incluidos casos de rechazo, corrección y ayuda. Involucra a las personas que hacen el trabajo: conocen detalles que no aparecen en una lista de requisitos.
¿Con qué debe conectarse?
Anota los programas, documentos y permisos implicados. Explica qué información entra y sale de cada uno y quién mantiene esas conexiones. También conviene decidir qué pasa si un sistema no responde. Estas dependencias suelen cambiar el alcance más que la pantalla principal.
¿Cómo ordenar el trabajo sin inventar cifras?
Separa lo imprescindible para probar el resultado de lo que puede esperar. Señala decisiones pendientes, riesgos y responsabilidades antes de comparar propuestas. El alcance queda claro cuando se puede decir qué se construye, para quién, con qué información y cómo se revisará, sin prometer un precio o plazo universal.