Guía de decisión
¿Herramienta propia o servicio ya preparado?
Elige un servicio existente si cubre tu trabajo habitual. Plantéate una herramienta propia cuando necesites procesos o conexiones que no puedes resolver con él.
¿Qué necesitas resolver?
Describe el trabajo que quieres mejorar, quién lo realiza y qué programas deben participar. Una solución puede parecer adecuada por sus funciones y fallar porque obliga a cambiar una tarea clave. Empieza por el resultado que necesitas y por las limitaciones que no puedes ignorar.
¿Cuándo conviene una herramienta propia?
Una herramienta propia tiene sentido cuando necesitas un modo de trabajar muy específico, conexiones que un servicio existente no ofrece o control sobre cómo evoluciona. También exige decidir quién la mantiene y cómo se incorporan cambios. El control adicional sólo sirve si el equipo puede asumir esa responsabilidad.
¿Qué debes comprobar en un servicio ya preparado?
Pregunta qué información guarda el servicio, cómo sale de él y qué permisos ofrece. Revisa sus límites, sus dependencias y qué ocurre si tu proceso cambia. Pide una demostración con un caso real de tu empresa, no sólo una lista de funciones.
¿Cómo tomar una decisión que puedas sostener?
Compara ambas opciones con el mismo caso de uso. Valora encaje, esfuerzo interno, dependencia, continuidad y capacidad de adaptación. Deja escritas las razones de la elección y qué señales harían necesario revisarla. Así la decisión se entiende dentro de la empresa y no depende de una moda.