Guía de decisión
Qué revisar antes de usar un prototipo en el trabajo diario
Antes de ponerlo en marcha, comprueba quién puede entrar, cómo se protegen los datos, qué ocurre si falla y quién lo mantendrá.
¿Qué problema resuelve hoy?
Empieza por la tarea concreta que el prototipo ya ayuda a resolver. Describe quién lo usa, qué información recibe y qué resultado entrega. Si una hoja de cálculo o un formulario cubre parte del trabajo, compáralos. Así sabrás qué merece conservarse y qué sobra antes de añadir funciones.
¿Qué hay que revisar antes de abrirlo?
Comprueba quién puede entrar, qué datos puede ver y qué ocurre cuando falta información o alguien se equivoca. Revisa copias, permisos y una forma de recuperar el trabajo. La pregunta práctica es sencilla: ¿puede otra persona utilizarlo sin poner en riesgo la información ni bloquear la operación?
¿Cómo se comprueba que funciona?
Prueba el recorrido habitual y también casos incómodos: un dato vacío, una respuesta inesperada o una conexión que no responde. Pide a las personas usuarias que hagan el trabajo real y anota dónde dudan. Define qué resultado debe aparecer y cuándo debe intervenir una persona.
¿Quién lo cuidará después?
Deja por escrito quién responde de la herramienta, cómo se informa de un fallo y cómo se aprueban cambios. Guarda instrucciones sencillas y una lista de decisiones pendientes. Un prototipo se vuelve útil para el día a día cuando el equipo sabe usarlo, revisarlo y decidir su siguiente mejora.